Juventud SIN futuro

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Nosotras y nosotros, la juventud sin futuro, nos dirigimos a la opinión pública para mostrar nuestro desacuerdo con la política de recortes sociales del Gobierno, y la consecuencia más grave y con mayor impacto en el futuro que estas medidas representan: la juventud más preparada de nuestra historia vivirá peor que sus padres. La agresión contra el colectivo juvenil en un escenario de crisis capitalista, con una tasa de paro juvenil del 40%, la más alta de la UE, se materializa principalmente en tres medidas: o La Reforma laboral, que aumenta la temporalidad de nuestros contratos, la flexibilidad laboral y supone la desaparición de la negociación colectiva, convirtiéndonos en trabajadores precarios/as de por vida o La Reforma del sistema de pensiones, que retrasa la edad de jubilación y reduce la cuantía de nuestras futuras pensiones y nos dificulta aún más encontrar un trabajo digno. Todo ello nos plantea un horizonte sin futuro o La mercantilización de la Educación pública, que apuesta por la rentabilidad privada, y no por la formación y el conocimiento. Una universidad de élite para una minoría y fábrica de precarios para una mayoría, con medidas que se concretan en una nueva selectividad que pone trabas al acceso a la universidad y en la degradación de la formación profesional. Somos las y los jóvenes a quienes las élites económicas y las políticas de nuestros gobiernos nos quieren convertir en la generación sin formación ni trabajo ni pensión digna. Aquellos que, además, no tendremos casa en nuestra vida, desde que los especuladores hicieron del derecho a la vivienda un negocio con el que enriquecerse; un modelo de crecimiento económico que ha fracasado y ha generado esta crisis. Hemos tomado conciencia de que las medidas de salida a la crisis económica se han realizado a través de una constante socialización de las pérdidas. Frente a la salida de la crisis por la derecha, nosotras y nosotros, la generación precaria, señalamos a los culpables y reivindicamos ser escuchados. Queremos recuperar nuestra capacidad para ser actores de un motor de cambio, combatiendo un país de precariedad, desempleo y privatización de nuestra educación. Somos además conscientes de que la movilización y la lucha tienen sentido, pero sobre todo de que son necesarias. Italia, Francia, Grecia o Islandia nos enseñan que la movilización es indispensable. El mundo árabe nos demuestra que la victoria es posible. Por eso llamamos a un ciclo de movilizaciones que recuperen la voz de la juventud en la calle, y lo hacemos extensivo a la sociedad civil. Nosotras no nos fiamos, sabemos que esto sólo lo solucionamos sin los que causaron esta crisis. Instamos a emprender la movilización colectiva, a reivindicar nuestro derecho a disentir, a reconstruir nuestro futuro. Los abajo firmantes, estudiantes y miembros de la comunidad educativa, jóvenes trabajadoras y jóvenes trabajadores, movimientos sociales, profesionales de la ciencia, la técnica; mundo de la cultura y de las artes dan respaldo con su firma a este llamamiento a la movilización. «Nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo» http://www.juventudsinfuturo.net Primeros firmantes: Jorge Riechmann. Profesor titular de filosofía moral de la UAM Félix Ovejero. Profesor titular de ciencias económicas UB Marcos Ana. Poeta Santiago Alba Rico. Escritor Salvador López Arnal. Profesor de Matemáticas de la UNED. Guillermo Toledo. Actor Jaime Pastor. Profesor de la UNED Enrique Santiago Romero. Abogado Ramón Sánchez Tabarés. Catedrático de Economía Mundial de la UB. Antonio Domènech. Catedrático de Filosofía del Derecho de la UB y Editor de la Revista Sin Permiso. Antonio Izquierdo Escribano. Catedrático de Sociología de la Universidad de A Coruña. Consejo Editorial de Público. Francisco Fernández Buey. Catedrático de Filosofía Moral de la UPF. Vera Sacristán. Profesora de Matemáticas de la UPC. Listado completo de adhesiones: http://www.juventudsinfuturo.net/p/adhesiones.html

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4 comentarios en “Juventud SIN futuro

  1. Jose Claudio

    Yo denuncio

    A los que fomentan la estrechez de pensamiento y angostos horizontes, extravío en un para qué utilitarista, condena a la indigencia cultural, hasta ahogarse en el embrutecimiento en donde la persona pierde su dignidad.

    A los que hurtan continuamente la igualdad a los talentos naturales, la excelencia, empobreciendo con esa felonía a su propio país.

    A los que oscurecen los horizontes de la juventud, abortan sus iniciativas, destruyen sus ilusiones… saquean su inteligencia y expolian sus capacidades cual si fueran kleenex, en una competencia inflacionista y extenuante…

    A los bandoleros que han forjado una nueva clase de excluidos. La generación perdida. Ofendida en su esfuerzo. Estafada… arrojada a transgredir la norma, a sublevarse contra los malos gobernantes, que no son nada, tan sólo oportunistas de ideales flojos y travestidos una y otra vez. Chapuceros acomplejados sin imaginación ni criterio, sin otro ánimo que permanecer. Lentos y descarados, torpes y zafios. Cómicos de lenguaje confuso, hábiles en poner en escena guiños y muecas. Parásitos relajados en la verborrea del continuo titubeo y en el interminable jolgorio del cambalache…

  2. Jose Claudio Rodriguez

    El pecado evoluciona. El sermón de “el mundo, el demonio y la carne”, “los pastores y las ovejas”… hoy ya es poco ocurrente. Anacrónico. Arcaico.

    De cualquier modo, junto a los pecados de siempre, más o menos, es preciso incluir otros más actuales, cuyo denominador común es la imposición de unos seres sobre otros, de unos grupos sobre otros, de una u otra forma.

    La violencia sigue imperando. Y es violento no sólo aquello que obra con ímpetu o fuerza, sino que además es violento todo lo que va contra la razón y la justicia. La falta de respeto hacia los demás. La maldad se refina.

    Habrá que pensar en invocar a otros santos. Los que todavía no están en el calendario, pero que en cambio si se muestran más atentos a las personas y sus problemas. Los de esta época. Los que no se pueden aplazar para el más allá.

    Este texto quiere ser un manifiesto, la denuncia y el lamento doloroso de un ciudadano, de su hartura frente a los indecentes, los que a diario mancillan las instituciones, envenenan la convivencia y se mofan impunemente del pueblo. Mi pueblo.

    También desea mostrarse para que sea considerado en el proyecto de una nueva escuela, a sus maestros, y a unos nuevos apóstoles. Unos y otros son los llamados a inculcar otra verdad y fomentar el espíritu crítico en las jóvenes personas, en sintonía con la penosa realidad presente y en el anhelo de encauzar un futuro mejor para todos. Nos han obligado a volver a soñar.

  3. Jose Claudio Rodriguez

    La ambigüedad del sí/pero no, no/pero sí, según cuando y donde, para no molestar a unos ni a otros, es ahora inoportuna. Mansedumbre tan acomodaticia permite seguir ahí, en el palo alto del gallinero. Ser reconocido como intelectual -solemnidad de difícil comprensión, palabra muy soufflé- y mantenerse como funcionario de prestigio no es fácil. Distinto es llamar a las cosas por su nombre.

    El plan Bolonia, un nuevo patio para los feriantes, pretende apoderarse de la inteligencia y pervertirla. Una nueva forma de atropello a la juventud devaluado sus estudios, para mejor exprimirla después. Ingeniería de la especulación que prepara un mercado, intentando aplacar los ánimos con la promesa de la filantropía estatal y paraestatal.

    Los pudientes ya no aspiran al título nobiliario. La sangre azul no se lleva, se cuestiona, hasta está mal vista. La evolución siempre es buena, dicen los hipócritas. La mamá se deleita imaginando que el niño de mayor será ingeniero. Es muy bonito…Y hasta político. Aunque el nene tenga cara de simio y esencia de tonto, puede llegar muy lejos, lejos…Integración, globalización. Prácticas importadas y otras malas costumbres que pronto se aprenden.

    Los poco aplicados, arropados por sus papaítos, posiblemente se acomoden en esos centros de negocio donde los estudiantes son clientes; el docente un productor que coloca la mercancía vigilado por el capataz a los ordenes de los tratantes¬. Y el rector magnífico, “un directivo de esos que gusta a las multinacionales: no una buena persona con cara de hijo de puta, sino un hijo de puta con cara de buena persona” (El Método Grönholm).

    Un modo infame de desaprovechar la excelencia, los talentos naturales, hurtando una igualdad que hipoteca la grandeza de los recursos humanos de un Pueblo, que conduce al declive a un país, a un imperio, a su empobrecimiento. Y a una tensión con elevado riesgo de conflicto interno.

    Los artífices de esta nueva universidad, ya desustanciada, se han inspirado en un sistema económico desgastado. Esperan que sus mandaderos llamen a la puerta de la pocilga de esa chusma financiera que se resiste a ser desalojada de la mentira, aún hundiéndose en el fango de sus excrementos.

    El esfuerzo educativo de una nación ha de beneficiar a todos los ciudadanos. Más latín y menos matemáticas resulta incomprensible para cuadrúpedos y zoquetes. Mejor entienden menos poetas y más soldados.

    El Estado no puede ser cómplice de golfos, de relaciones volubles y frívolas. La sociedad vegeta en una profunda insatisfacción y escepticismo, que erosiona al individuo. La insensibilidad al sufrimiento ajeno en general, unido a condenar a la marginación a los portadores de un bagaje de cultura, abona el estallido social.

    La voz de la calle ha de ser oída y respetada. Temida su fuerza. Un movimiento estudiantil comprometido no pacta; resiste hasta conseguir un marco en comunión con sus reivindicaciones. Hace falta un nuevo mayo, entusiasta, esperanzador. Esta vez contundente. Que no se quede en una revolución de (los) pijos…

  4. Jose Claudio Rodriguez

    Las protestas que en estos momentos están protagonizando, por ahora, los estudiantes acusan problemas que van más allá de las aulas. Constituyen el exponente del profundo, intenso y creciente malestar de la sociedad. Del pueblo en general. Denuncian el desequilibrio social, ya perdido hace tiempo, y que se esta escorando peligrosamente. Son la punta de un iceberg que en cualquier momento puede precipitarse, tambalear muy seriamente, y hasta demoler, estructuras de poder. Su futuro desarrollo y consecuencias son en estos momentos todavía inciertos.

    De cualquier modo ya están indicando que en especial la universidad, hoy más que nunca, no puede permanecer en un reducto aislado de su medio social. Contrariamente, ha de ser la caja de resonancia que vibre y transmita las vivencias, inquietudes y penalidades de aquel; única manera, también, de que el esfuerzo educativo que con su sacrificio realiza todo el país, se integre en un ambicioso y esperanzador proyecto de cultura del que todos los ciudadanos, sin exclusión, han de beneficiarse. Y así culminar otro proyecto, global y no menos ambicioso, que es de alcanzar la ciudadanía del mundo.

    Entre los diversos motivos que obliga a tomar una actitud, sin duda uno de enorme importancia es el creciente desempleo que asedia a la población en general y que con mayor crudeza incide en los jóvenes en particular. Las circunstancias actuales ponen serias resistencias para que los jóvenes puedan labrarse un porvenir. Condenados a un futuro sombrío. Funesta y triste realidad que nuestro país acusa de forma especial en el contexto europeo.

    Hay que suponer que desde distintos estamentos se están ya realizando maquinaciones para que la opinión pública no vea en “las cosas de estos chicos” nada más de lo que en principio, en un análisis somero, se podría traslucir para los poco informados. Y con la pretensión de restar energía o incluso castrar desde su nacimiento una lucha de reivindicaciones que se acompaña de una riesgo desestabilizador para los intereses de la una minoría, defendidos desde turbios y opacos mundos.

    Los mismos saben que un espíritu joven y saludable desprecia y omite el acatamiento a reglas y normas de cinismo; es contrario a los pactos encubiertos; se muestra reiteradamente rebelde en una sociedad que tantas veces exige la prostitución de los individuos para seguir funcionando a su antojo; y, en fin, experimenta asco en dosis crecientes cuando advierten que se le pretende manipular con medios que bien pueden tener acogida en sectores de población menos afortunados culturalmente.

    La juventud no puede tolerar que su futuro se vea empañado por un sentimiento de pobreza y de derrota, que otros intentan propagar e imponer ya desde ahora. Igualmente tampoco pueden consentir que sus vidas sea un deambular por estrechos y tortuosos senderos hacia un horizonte perdido.

    Un mundo de dudas y miedos.
    De sombras, de manchas.
    Horizontes tenebrosos para la gente honrada.
    Un espacio donde la tristeza aniquila la ilusión.
    Sin lugar ni tiempo para el afecto.
    Que evapora las pasiones.
    Abrasa los sueños y mata la fantasía.
    Que rompe el amor.

    Sin embargo otros caminos más estimulantes y elevados están esperando, están llamando. Sólo, eso si, hay que ensancharlos y prolongarlos. Por eso, como contestación a tanta agresión, a todo aquello que intenta obstaculizar su trayectoria, la misma juventud se ve obligada a dar una respuesta. Empujada a rebelarse.

    Pero un movimiento estudiantil, para conseguir sus objetivos ha de conducirse acatando sin fisuras una conducta. Tanto es así que cuando tal movimiento nace libre y espontáneo; cuando sabe agregar el adecuado componente anárquico, esto es, repudiando un liderazgo absoluto, emancipándose de todo “dirigismo” o influencia externa que pudiera expropiarle su naturalidad; cuando no consiente que se le aúnen, que se le “pequen” otros que cual carroñeros intentarán extraerle su fruto y nobleza, para luego desviarlo de su pureza, corromperlo y defenestrarlo; cuando viene animado por unas reivindicaciones claras y justas; cuando su lucha es pacífica: oposición, resistencia, no violencia; cuando se desenvuelve dentro de unos verdaderos cauces democráticos; cuando en los mismos la libertad de los ciudadanos están respetadas; cuando los que participan en las tareas de gobierno son conscientes de sus obligaciones y a la vez capaces de someterse a un labor de autocrítica… Cuando, en fin, se siguen estas pautas ese movimiento logrará el respeto, la aprobación y el apoyo de la ciudadanía.

    Emprendido este camino, logrará una unidad y un entusiasmo capaz de resistir cualquier maniobra de erosión que pretenda desviarlo de su trayectoria. Igualmente es entonces cuando conocerá su fuerza, creciendo en un sentimiento sublime de compromiso, que contribuirá a incrementar su vitalidad, que además se verá reforzada, al contrario de lo que sucede en otros casos, al no tener que soportar vínculos, cargas y ataduras que pudieran menoscabar su libertad. Su poder.

    Quizá a más de uno un pronunciamiento con estos ingredientes, alumbrado por los portadores de ese espíritu joven, se le antoje prometedor, para algún día. Y es en esos quizá donde otros vean la suficiente fuerza para destronar, algún día, a los que no dejan que la sociedad en su conjunto se desarrolle y haga efectivo el proyecto de cambio y transformación que imperiosamente se necesita. Quizá sean esos artífices, algún día, los protagonistas de un nuevo mundo que cada vez se hace más inaplazable. Y quizá porque ellos siempre han dado muestra de nobleza, generosidad y audacia. Pero sin duda, ese algún día mejor sea hoy que mañana.

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