Ciclo “Totalitarismo y distopía”

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Del 9 de octubre al 13 de noviembre.

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ENTREVISTA A LA POETISA ANA PÉREZ CAÑAMARES

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AnaPerezCañamares

El pasado mes de julio, la poetisa Ana Pérez Cañamares nos concedió una entrevista vía mail. Por la llegada del verano y el general apagón en las redes, hemos decidido esperar y publicar con fuerza, ahora que ha comenzado el curso, una interesante entrevista en la que se ha intentado abordar algunas cuestiones generales políticas desde una perspectiva poética y social. Desde La Caverna, agradecemos a Ana su interés y su tiempo.

  • La falta de compromiso político general en el panorama de la cultura nos hace preguntarnos acerca de la necesidad de un arte que actúe de alguna manera contra ese entretenimiento superfluo que supone, a su vez, un elemento de dominio político, en cuanto que las obras vaciadas de contenido crítico nos nublan el pensamiento. ¿Cómo cree que puede, a través de su poesía, cuestionar esta situación y convertirlo en materia para la reflexión y el acercamiento a los problemas sociales?

Yo no tengo un bagaje teórico en política, ni soy una militante constante y entregada. Para bien o para mal, lo que hago es ponerme a mí misma en mi poesía: mi vida, mis lecturas, mis reflexiones, mis dolores, mi ración de cabreo diario… He mamado desde pequeña una actitud crítica que ha ido a más con los años y a medida que descubría con más claridad que esta sociedad se apoya sobre la mentira y la injusticia, y que todo está montado para que traguemos y nos acostumbremos a tolerar lo que debería ser intolerable. No deja de asombrarme la aceptación generalizada de las agresiones y las humillaciones diarias. Y lo que hago en los poemas no es más que eso, mostrar lo que me preocupa, lo que me escandaliza y cómo me afecta. Esa puede ser mi aportación: sacar a la luz el dolor que todo esto me produce, en especial debido a las contradicciones y las traiciones a las que nos obliga. Tengo por ahí una poética que dice: “escribo sobre mí, porque yo soy cualquiera”. Añado: y quiero serlo. No quiero ejercer ni hablar desde ninguna posición de poder. No quiero hacer programas ni panfletos, sino enseñar con honestidad -y autocrítica cuando toque- los perversos efectos del capitalismo en nuestra vida cotidiana. Es un ejercicio que en primer lugar hago para mí, para desahogarme, para aclararme, para limpiarme, para recordar lo importante. Estoy cansada de esta sociedad de vencedores, de emprendedores, de indiferentes, de esta pantomima de simulaciones. Por eso ofrezco lo que tengo, lo que soy, mis reflexiones atravesadas de emocionalidad, y siempre que puedo intento mostrar una salida, una salvación por pequeña que sea, lo que a mí me sirve o intuyo que podría servirme, y ponerlo al servicio de los demás. Tengo a mi favor que la poesía es un arte que va a lo esencial, y que utiliza la palabra, que puede ser entendida por todos, si se trabaja con pretensión de sencillez, claridad y precisión.

  • Observamos en sus poemas una constante reflexión, una angustia frente al fracaso de algunos aspectos de la vida cotidiana, donde bajo “[…] los barracones con aire acondicionado […] la primavera es una mentira / como una misa o un anuncio de detergente / Como en toda mentira, lo que hace más daño / es la voluntad de mentir, elevada a industria y arte” ¿considera que la palabra poética puede ser de alguna manera ese instrumento a través del cual combatamos la voluntad de engañarnos respecto a los temas que rigen y destruyen en cierto modo nuestra cotidianeidad?

Tengo mucha esperanza puesta en ella, porque sé lo que me ha hecho a mí. Me ha regalado un sentido de comunidad, que considero necesario, imprescindible, para atreverse a pensar y a actuar. Si la palabra poética me salva, me dignifica, me da otro horizonte, ¿por qué no puede hacerlo por otros? La poesía además habla desde un lugar donde emoción, reflexión, intuición están integrados, por eso nos apela a un cambio sincero, un lugar en el que no valen los fingimientos, y que acoge el dolor, el fracaso, la contradicción. Para mí, la poesía es entre otras cosas el arte de abandonar el autoengaño. Por eso también exige ser capaces de ponernos un espejo delante; hay gente que no está dispuesta a aceptar la mierda del sistema, porque supone aceptar la suya propia; la poesía les resultará demasiado dura de soportar. Pero volviendo a la pregunta: frente a tanto entretenimiento hueco, tanta mentira, tanta estupidez, tanto eufemismo, tanta manipulación, la poesía es un instrumento de combate, en cuanto que es instrumento de memoria, sabiduría, puesta en común, recordatorio de lo esencial, propuesta de mundos posibles y deseables…

  • La humildad de sus poemas nos traslada a una tesitura que nos insta a limitar nuestro margen de acción acerca de las respuestas que deben darse a la problemática ajena, a no formular las palabras que ponen voz a la voz de los demás. ¿Qué supone para ti, en este sentido, la nueva coronación? ¿Cree que tienen hoy los ciudadanos la posibilidad de formular sus propias respuestas respecto a lo que requieren sus vidas?

Me aterra tanto hablar por otros como que hablen por mí. Intento mantenerme en un equilibrio que no sé si consigo siempre: hablo desde mi parcela de indignación, asco y estupor diarios, y a la vez intento hacerlo sin egocentrismo, desde un espacio común y sin suplantar la voz de nadie. Si luego alguien se identifica, maravilloso; y si alguien se anima a sacar su voz después de haberme oído hablar, aún mejor. Respecto a la nueva coronación y a la ausencia total de cauces para que los ciudadanos se expresen… qué quieres que te diga. Nos quieren súbditos, sumisos, manipulables, infantilizados, idiotizados… Llevan siglos diciéndonos “vosotros es que no sabéis de economía ni de política ni de nada, dejadnos a nosotros, que ya tomamos las decisiones”… pues mira cómo lo hacen los “expertos”, mira qué bien va todo. Ahora, a mí estos días cuando me han preguntado si referéndum sí, referéndum no… yo he contestado que abolición. Un referéndum no va a hacer legítimo un régimen que no lo es. La monarquía es un sistema caduco, injusto, medieval; no hay por dónde cogerlo. Me da miedo la consulta sin un debate maduro y con unas cartas marcadas, estando los medios, por ejemplo, en manos de quienes están, al servicio del poder. Aunque también es verdad que la sociedad española me ha sorprendido en los últimos años, para mal, pero también para bien.

  • En términos generales, ¿qué opinión tiene respecto a la situación política española? ¿cree que existe alguna oportunidad para el cambio?

La situación política española a nivel oficial e institucional es indignante, deprimente, la democracia es de una calidad ínfima. Otra cosa es la situación política en las calles; hay una conciencia cívica que yo no he conocido antes. Yo soy una pesimista que vive como si no lo fuera, con unas ganas locas de ilusionarme. El fracaso me lo sé de memoria, desde la cuna, así que es hora de intentar algo nuevo. Y en este sentido, el 15M es para mí un hito; creo que es lo mejor que le ha pasado a este país desde hace muchos años. El 15M ha desnudado a los patéticos emperadores que nos gobiernan y a sus instituciones, se ha instalado en nuestra forma de comportarnos en la escuela, en el trabajo, en la calle; nos ha apartado del victimismo, ha acampado en nuestras cabezas. Nos ha devuelto una dignidad que habíamos dejado en la casa de empeños. Y desde este nuevo panorama que el 15M ha contribuido a crear, hay toda una serie de proyectos y procesos que admiro y que me ilusionan: la PAH, las mareas, Podemos… Veo a la gente a mi alrededor y la política ha dejado de ser un tabú, un tema para iniciados, el típico asunto que cortaba el rollo en las conversaciones entre amigos… para convertirse en todo lo contrario. Empezamos a saber lo que nos jugamos, y veo a la gente deseosa de aportar ideas y experiencias, de quitarse los prejuicios de encima y ampliar y flexibilizar el concepto de militancia, para sentirse parte responsable. Me siento insultada y humillada cada día, cuando me mienten, cuando me roban mis derechos, cuando me inoculan el miedo, cuando me tratan como si fuera un ser sin cultura y sin juicio para pensar por mí misma. Y lo llevo mal, muy mal, necesito recargarme después con una buena dosis de inteligencia o de belleza o de serenidad. No podría seguir adelante sin buscar cierto equilibrio entre la mierda que nos hacen tragar cada día y la belleza que tenemos que procurarnos nosotros, con el arte, con la solidaridad, con el amor. En estos tiempos, lo que de verdad importa brilla sobre el fondo gris. Hay una generosidad, unas ganas de compartir, de pensar juntos, que me emociona cada día. Aún así, me sigue sorprendiendo mucho lo barato que nos vendemos, cuando sólo tenemos una vida para vivirla. Eso es algo que me rebela.

  • Nos gustaría que compartiera algunas obras que hayan marcado su visión poética y otras que hayan marcado su visión política.

En mi visión poética me han influido mucho una serie de poetas contemporáneos, a los que sigo y con los que comparto ideas, espacios y poéticas: Inma Luna, Gsús Bonilla, David González, Jorge Riechmann, Batania, Cristina Morano, Pepe Ramos, Antonio Orihuela, Quique Falcón… y unos cuantos más.

En cuanto a escritos políticos, como decía antes, no soy ninguna experta. Leo sobre todo periódicos y artículos de opinión. Eso sí, no de los libros que más me ha impresionado en toda mi vida ha sido El corto verano de la anarquía, de Enzensberger.

  • Nos gustaría también que compartiera algún momento que haya marcado su visión poética y otro que haya marcado su visión política.

Un momento poético… a estas alturas ya atesoro muchos, por suerte. Uno que me marcó fue mi primer recital, en un pub de Illescas (Toledo). Leer poesía frente a gente que podía estar haciendo cualquier otra cosa pero había elegido estar allí, escuchando, compartiendo, emocionándose, me pareció algo increíblemente potente. Luego he tenido otros maravillosos, como cuando estuve leyendo en Sol para la gente de la Plataforma contra la Impunidad del franquismo, o cuando he leído para alguna asamblea del 15M.

Y un momento político… la mani del 15M y la acampada de Sol. Sin duda.

  • ¿Quienes nos gobiernan temen el aburrimiento?

Temen todo aquello que pueda hacernos pensar, cuestionar y actuar en consecuencia. Nos quieren aborregados, acríticos, entretenidos con espectáculos vacíos que perpetúan este aparente consenso en el que vivimos y que dice que este es el mejor de los mundos posibles y que califica de peligrosa herejía pensar otros. Creo que eso ha quedado muy claro en la actual legislatura: no es que no haya dinero, es que lo hay para lo que ellos quieren. No hay más que ver qué apoyan: no hay dinero para educación pero sí lo hay para las corridas de toros; no hay dinero para comedores públicos pero sí para llenar la ciudad de Madrid de banderitas rojigualdas. Nos quieren, además, estresados, corriendo de acá para allá, sin tiempo para relaciones, conversaciones, actividades que se salgan del guión. Trabaja, consume, trabaja, consume… y cuando caigas agotado, no tendrás ganas más que de tragarte la realidad tal y como te la servimos. No tendrás tiempo ni de recuperarte y vivirás eternamente cansado, rendido. Pagamos un precio muy alto: no sólo el agotamiento físico y mental, sino vivir en una permanente ansiedad, de no llegar a todo, de estar permanentemente activos, agotados y frustrados. Como digo en el poema al que te refieres, para mí el aburrimiento ha sido una fuerza motora. Creo en el poder creativo del aburrimiento –por llamarlo de otras formas más sugestivas: pereza, ociosidad, lentitud, contemplación- para bucear en nosotros, generar nuevas respuestas, salir de lo conocido. Y coger fuerzas.

  • Cuál cree que debería ser la posición del poeta respecto a la realidad social, ¿debe ser siempre alguien comprometido o, por el contrario, el único fin que debe perseguir es crear buenas obras?

Esa es la pregunta del millón. No me interesan la poesía ensimismada, que no sale de los alrededores de su ombligo, pero tampoco la que se arroga el derecho de hablar por todos, sin pasarlo por el tamiz de la experiencia o las emociones propias, porque lo más probable es que de esa manera salgan panfletos sin vida. A mí me gustan los poetas que sin dejar de hablar de ellos mismos pueden levantar la vista y situarse en la sociedad que viven y sufren, con humildad, como uno más. Pero esto no quiere decir que el poeta no pueda tener otras facetas. Si estás enamorado o se ha muerto tu madre, obviamente lo que escribas va a ser más difícil etiquetarlo como social o comprometido. Quizá lo que marca la diferencia es la actitud: creo que se puede intuir un, por llamarlo de alguna manera, compromiso humano, de no escribir para lucimiento personal –o no sobre todo- sino con generosidad, exponiéndose, arriesgándose, para compartir la lucidez que la apertura poética puede procurarnos en un momento dado, para empujarnos a ver un poco más lejos, disolviendo las fronteras entre autor y lector. Porque uno puede tratar un tema social y hacerlo con tópicos, sin comunicar, sin emocionar; y otro puede hablar de amor y poner el amor en un lugar que profundice, que ilumine, que nos abra una ventana. Y el compromiso no implica sólo acusar, indignarse, sino también recordar qué hay de amable, de salvable en este mundo, y buscar propuestas que nos saquen de aquí –no como fantasías, sino como otras posibilidades. El poeta Quique Falcón lo resume muy bien, cuando habla de una poética “del amor y la ira”. De todas formas, me cuesta imaginar que en un momento como el que estamos viviendo, la crisis económica y de derechos no atraviese la poesía de un autor contemporáneo. Francamente, me resultaría cuanto menos sospechoso. Y por supuesto tratar de escribir bien, dar lo máximo que cada uno pueda, me parece irrenunciable. Es lo menos que uno debe intentar, por amor y respeto a las palabras.

  • ¿Podría elegir algunos versos para cerrar esta entrevista?

Como no sé si te refieres a míos, o de otro autor, permíteme que abuse y haga ambas cosas. Para empezar, un poema de Zbigniew Herbert, que habla de estos temas que tratábamos en la última pregunta:

CINCO HOMBRES

1

Los sacan de mañana
al patio empedrado
y los ponen contra el muro

cinco hombres
dos de ellos muy jóvenes
los otros de mediana edad

nada más
puede decirse sobre ellos

2

cuando el pelotón
apunta sus armas
todo de repente aparece
en la luz estridente
de la obviedad

el muro amarillo
el frío azul
y en lugar del horizonte
el alambre negro sobre el muro

ese es el momento
en que se rebelan los cinco sentidos
con todo gusto escaparían
como ratas de un barco que se hunde

antes que la bala llegue a su destino
el ojo percibirá el vuelo de proyectil
y el oído registrará un susurro de hierro

la nariz se llenará de un humo cortante
un pétalo de sangre cepillará el paladar
el tacto se contraerá y luego se aflojará

ahora yacen sobre el suelo
cubiertos en sombra hasta los ojos
el pelotón se retira
sus ojales correas
y cascos de hierro
están más vivos
que aquellos que yacen junto al muro

3

Yo no acabo de enterarme de esto
lo sabía desde antes de ayer

entonces por qué he estado escribiendo
poemas sin importancia sobre las flores

de qué hablaron los cinco
la noche antes de ser ejecutados

de sueños proféticos
de un escape a un burdel
de repuestos para carro
de un viaje por mar
de cómo cuando uno de ellos tenía espadas
no debió haber abierto en el juego de naipes
de cómo el vodka es mejor
después del vino te da dolor de cabeza
de muchachas
de frutas
de la vida

así que uno puede usar en poesía
los nombres de pastores griegos
uno puede intentar capturar el color del cielo en la mañana
escribir del amor
y también
una vez más
con un fervor muerto
ofrecerle una rosa
a este traicionado mundo

Y para terminar, uno de mis últimos poemas, que escribí precisamente después de un empacho de actualidad, una de esas semanas en que las noticias te tragan y no ves cómo salir.

Avanzáis y mi conciencia se estira
hasta ser toda campo de batalla.
Por tierra, mar y calles avanzáis
y sé que no habrá exilio ni tregua
que me libren de este cuerpo a cuerpo.
Sois las decisiones del jarabe amargo
del por tu bien lo hago aunque me duela:
la conquista de las verdes praderas
la ciencia moderna de la tortura
el arte de la violación como arma
la esclavitud de todos los distintos.
Y ahora formáis  para el paseíllo
y la foto, escaláis las laderas
de mis lumbares, dejando la espalda
perdida de estandartes y deshechos.
Yo esgrimo un lirio del valle, el lápiz
que me adorna y ordena las heridas.
Blando un amor que aún sería más grande
si no temiera mirar al matarife
y al cordero. Avanzáis engalanados
con las plumas de firmar sentencias
cheques al portador y nombramientos.
Aprisa reúno mis huestes de niños
bautizados por multinacionales
y me esfuerzo en aprender sus apodos
para ser una entre anónimos.
Tengo que perder el miedo a encontrarlos
en un callejón y que me pidan cuentas.
Tengo que enarbolar la rabia rebuscada
en las basuras y saliros al paso
con un ejército de perros rotos.
Estáis aquí, detrás de mis párpados.
Pensáis que me tenéis por fin rodeada.
Pero hasta aquí os traje porque esto es mío.
Mi cuerpo. Mis delirios. Mis fiebres.
Mis tesoros. Mis amantes. Mis hamacas.
La historia alternativa, la no dicha.
Tengo un nosotros que oponeros por sorpresa.
Son otras nuestras sumas y oraciones.
Son otros nuestros barcos de papel.
Ardemos como azules zeppelines.
Yo no soy sólo yo. Os he engañado.

         Entrevista hecha
por Iñaki Serrano, 2ºFilosofía

COMUNICADO SOBRE LA ABDICACIÓN DEL REY

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Las asociaciones estudiantiles sacamos un comunicado a raíz de la abdicación del rey, desde la óptica de las movilizaciones y luchas de las estudiantes:

Hoy, las estudiantes nos hemos levantado con la noticia de que el rey Juan Carlos abdica. Hace pocos días, se anunció también la dimisión de Rubalcaba; todo ello tras los resultados de las elecciones europeas, que auguran el fin del bipartidismo y del régimen del 78, y el comienzo de una nueva forma de hacer política, desde el pueblo y para el pueblo.

No queremos que la abdicación sea una sustitución de padre por hijo. En la escuela nos enseñaron que en 1789 la Revolución Francesa dejó claro que la institución monárquica pertenecía a un viejo mundo. Hoy también nos enfrentamos a un proceso de ruptura con viejos mundos, y uno de ellos es la monarquía.

Las asociaciones de estudiantes queremos que la abdicación no la decida el Rey, sino que se decida a través de un ejercicio de democracia. Queremos un referéndum, para que sea el pueblo el que decida su futuro.

También reclamamos la apertura de un proceso constituyente que permita la deliberación ciudadana sobre asuntos como educación, sanidad, vivienda, y otros tantos, para que sean decididos y discutidos por tod@s nosotr@s. La voz de la ciudadanía ya se ha oído en las plazas: es hora de que se oiga en las urnas, y decida si quiere o no quiere un nuevo rey.

Queremos elegir nuestro modelo de educación, de universidad, de sanidad; queremos soberanía sobre nuestras ciudades, en nuestros espacios de trabajo y en las aulas. Por todo ello, lucharemos por la democracia. Hoy es un referéndum para elegir monarquía o república; mañana será la comunidad educativa decidiendo el modelo de educación; pronto será todo un país que ha tomado las riendas de su futuro.

Asociaciones estudiantiles que firman este comunicado:

-La Caverna

-Contrapoder

-Asociación Cultura Crítica

-Tiempos Modernos

-Primero de Mayo

-Uep-ei

-Doble Hélice

-Hypatia

-El Colectivo de Estudiantes de Madrid (CEM)

-La Resistencia en Caminos

-La educación que nos une

 

Entrevista a Pascual Serrano

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El pasado martes 13 de mayo tuvimos la oportunidad de entrevistar a Pascual Serrano, un reputado periodista especializado en política internacional, cuyo análisis de los medios de comunicación desde un punto de vista crítico con el periodismo tradicional puede arrojar luz sobre un sinnúmero de problemáticas de actualidad.

La Caverna: En primer lugar, ¿cómo definiría su papel en el periodismo actual y en la intelectualidad de izquierda?

Pascual Serrano: Yo creo que simplemente soy un profesional que alertó con mucha antelación del grado de deterioro de la responsabilidad de los grandes medios de comunicación en su responsabilidad por informar. Que denunció sus mecanismos de desinformación y las motivaciones políticas y económicas para esa estrategia. A eso me sigo dedicando con mis textos y mis libros. Mi relación con la izquierda es intentar mostrar los intereses desinformativos de esos grandes medios, que se enmarcan entre los principios neoliberales de la derecha, por lo que son las propuestas e iniciativas de la izquierda las que están proscritas en los medios y las que tenemos la obligación de mostrar a la sociedad.

LC: En un mundo contemporáneo con grandes medios de comunicación, ¿es posible la libertad de prensa en el seno del capitalismo y las democracias liberales?

PS: No es posible sin la responsabilidad y participación del Estado que debe garantizar el derecho a la información de los ciudadanos, la pluralidad informativa, la veracidad de la información que nos llega. No lo digo yo, lo dicen la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Constitución española. El libre mercado, que totaliza el panorama actual de medios de comunicación, no va a garantizar todo eso, igual que no garantiza el derecho a la asistencia sanitaria o a la educación si el Estado no asume determinadas competencias. El objetivo, pues, es que el Estado sirva a los intereses de la comunidad y no a los de un partido o a los del gobierno.

LC: Nos gustaría que explicara de qué manera funciona la manipulación y si a la hora de hacerle frente tenemos que entender que es explícita, de dirigentes con intereses específicos que ordenan censuras, o implícita, como han planteado algunos teóricos de la comunicación, y a lo que hay que hacer frente es a estructuras comunicativas de pasividad, a la dinámica privada que premia lo sensacional frente a lo importante, a una “objetividad” impostada que no busca causas en los hechos, etc.

PS: Para responder a esa pregunta escribí el libro Desinformación, y tiene más de seiscientas páginas, por lo que difícilmente puedo resolverlo en esta respuesta. La desinformación tiene un componente estructural y otro coyuntural, es decir, existe una desinformación inherente al modelo comunicacional debido a su brevedad, inmediatez, condiciones del mercado para captar audiencias mediante frivolidad y espectacularidad; y luego existe una desinformación coyuntural o ideológica, que establece claras líneas editoriales al servicio de una determinada posición que siempre es la de un modelo político y económico de defensa del mercado, del neoliberalismo, de sus instituciones y de silenciamiento o estigmatización de cualquier opción política o líder que propongan una salida alternativa.

LC: Recientemente han tenido lugar varios acontecimientos de gran calado a nivel nacional e internacional, ¿qué le parece el seguimiento informativo que se le ha dado a los casos de Ucrania, Venezuela y Gamonal?

PS: El caso de Ucrania ha mostrado el doble rasero de quienes han presentado un golpe de Estado de partidos neonazis como un movimiento ciudadano proeuropeo y las iniciativas de referéndum como acciones ilegales desestabilizadoras. Los mismos medios justificaron la independencia de Kosovo de Yugoslovia, que se hizo mediante bombas de la OTAN y sin la aprobación de la ONU, y se escandalizaron de un movimiento de independencia en Crimea que se hacía sin un solo disparo. Por supuesto también faltó el contexto necesario para comprender el sentimiento ruso de algunas regiones de Ucrania.

En Venezuela se siguió con el método de siempre de criminalizar a un gobierno y ensalzar a los violentos que incendiaban locales públicos con mujeres y niños dentro, que disparaban mediante francotiradores a policías y que saqueaban centros médicos y de abastecimiento de alimentos. Todos ellos eran presentados por los medios españoles como estudiantes opositores. El contraste con las movilizaciones de Gamonal era espectacular, allí los ciudadanos que se manifestaban eran representados como violentos antisistema y desestabilizadores.

LC: ¿Qué podrías decirnos sobre el comportamiento de los medios con respecto al movimiento estudiantil, las manifestaciones en Madrid, la demonización de los manifestantes y el falseamiento de la información en dichos casos?

PS: Es un caso de lo que hemos llamado doble rasero. Movimientos ciudadanos y reacciones gubernamentales son levantamientos populares contra represión, o acciones terroristas y desestabilizadoras frente a intentos de poner orden de un gobierno, en función de líneas editoriales. Decencia periodística sería contar lo que sucede y luego en el editorial o en los textos de opinión defender o criticar a un sector, pero no criminalizar a movimientos ciudadanos o, al contrario, presentarlo como movimiento espontáneo cuando son acciones minoritarias violentas fomentadas desde potencias extranjeras. Las manifestaciones en España, Grecia o cualquier otro país cuyo gobierno cumple los imperativos de las instituciones financieras o la troika europea son del primer grupo. La violencia contra gobiernos críticos con el neoliberalismo automáticamente son presentados en la línea del segundo.

LC: ¿Qué opinas de la distribución en la propiedad que Evo Morales ha hecho de los medios de comunicación bolivianos?

PS: Lo que ha sucedido en América Latina es que los gobiernos han iniciado procesos destinados a:

  • Democratizar la comunicación mediante un reparto más equitativo de las licencias, por ello un tercio son para los grupos comunitarios y asociaciones sin ánimo de lucro.
  • Poner coto al control de los medios por grupos financieros y macreconómicos. Para ello se han aprobado medidas que limitan la presencia de bancos y otras entidades financieras en el accionariado de los medios. Y también otras normas que limitan la concentración de medios en pocos propietarios.
  • Garantizar mayor rigor y veracidad en los contenidos. Otra batería de legislaciones sancionan administrativamente a los medios que mienten, tienen contenidos racistas o xenófobos, etc.

Además, el Estado ha iniciado su presencia en televisiones públicas, periódicos o radios, tal y como sucede en Europa. América Latina es una región donde el neoliberalismo de los años noventa dejó al Estado sin presencia en los medios (por ejemplo en Ecuador nunca hubo un televisión pública).

Todo esto es lo que grandes grupos económicos propietarios de grupos de comunicación multinacionales nos quieren presentar como ataques a la libertad de expresión.

LC:  ¿Podría hablarnos de la intencionalidad del último documental que han sacado?

PS: Si te refieres a “Una mosca en una botella de CocaCola”, lo ha producido la ONG OMAL, dirigido Javier Couso, con un guión de Pablo Iglesias. Está inspirado en mi libro Traficantes de información y explica el poder de las empresas sobre los medios mediante el control de la propiedad, la publicidad o los préstamos bancarios. Solo así se puede comprender el desolador panorama informativo de nuestro país y la necesidad de cambio.

LC: ¿Qué puedes decirnos del holding de los medios de comunicación españoles?, ¿hay posibilidades reales de cambiarlo o romper con su dinámica?

PS: El cambio procede de esta oportunidad que es la crisis de los medios, que en realidad es una crisis de su modelo. Nuevos fenómenos de periodismo colectivo como Eldiario.es, La Marea, Alternativas Económicas, Infolibre, Mongolia, etc. son alternativas de gran valor, donde están mostrando que se puede hacer otro periodismo y no desde una militancia solidaria como los habituales medios alternativos, sino como empresas colectivas que remuneran a sus trabajadores y hacen periodismo informativo y de investigación. Ahora bien, los ciudadanos deben saber que eso hay que apoyarlo y pagarlo, no les van a regalar una cuberterías los domingos como hacían los otros.

LC: Por último nos gustaría que dijera unas palabras sobre Julian Assange, Edward Snowden y Vatileaks.

PS: Los fenómenos de lo que se denominan “alertadores” merecen nuestra atención y apoyo. Me refiero a personas como Assange o Snowden que, desde su presencia en determinadas instituciones, han sacado a la luz graves denuncias de violaciones de derechos humanos y ahora sufren la persecución por parte del gobierno estadounidense y todos sus adláteres. No se trata de casos de deslealtad a su gobierno, poner en peligro la seguridad o espionaje. Son personas valientes que, mientras nos decía el gobierno de EEUU que luchaba contra el terrorismo o cualquier otra causa noble, ellos han mostrado que lo que hacían era asesinar y espiar. Son los nuevos héroes del siglo XXI; los ciudadanos y los periodistas debemos estar a su altura.

La Caverna en Junta de Facultad

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De los 10 estudiantes elegidos hoy para representar en Junta de Facultad los intereses de todas, 8 somos de La Caverna. Eso significa que los estudiantes creen que podremos hacer un buen trabajo, votar a un Decano que deje de ser un gestor de las dinámicas neoliberales y sea capaz de plantar cara cuando la situación lo necesite. Con el compromiso de convocar una asamblea de estudiantes previa a cada Junta de Facultad para discutir el orden del día y consensuar la postura de los estudiantes al respecto, aceptamos el voto de confianza.

Daremos la lucha en las instituciones. Estaremos ante los profesores, que necesitan ver que la Universidad y la filosofía pueden sobrevivir y que los estudiantes estamos dispuestos a dar toda nuestra energía en la resistencia, demostrando que la organización y la formación son las dos bases de una gestión correcta de cualquier institución. Se avecinan años oscuros para la universidad y para la filosofía; posiblemente se reformará la Gobernanza, vendrán fusiones de departamentos e incluso de facultades, los grados tendrán menos años, las tasas de grado y máster subirán (en este último igualándose con la privada). Mientras tanto, los estudiantes resistiremos, en las instituciones y fuera.

Y no solo daremos la lucha en las instituciones. Seguiremos a pie de calle, señalando las injusticias, articulando un discurso filosófico y político sobre las causas de esta situación, para a través de la crítica poder liberarnos como estudiantes dedicados a la defensa de la educación, es decir, como estudiantes en defensa de sí mismos.

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Pequeña guía para entender la lucha política de los estudiantes

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Escribo estas líneas en el primer momento libre que he tenido en esta última semana. Desde el viernes pasado, los estudiantes nos encerramos en la Facultad de Filosofía y Filología para dar acogida a gente de las Marchas de la Dignidad. Durante dos días, dormimos en el suelo de noche y de día recorrimos las calles en las diversas convocatorias que el 22M había planeado para sacar la dignidad a las calles. Al poco de terminar esta jornada de lucha de tres días (que se alargó con una Acampada en la que también participamos), comenzó la preparación de la huelga general de estudiantes. El día antes de la huelga, nos encontramos con que 54 de nuestras compañeras habían sido detenidas, y organizamos una respuesta en asamblea entre caras de nervios y sorpresa.

Una profesora me preguntó, hace un par de días, sobre el por qué de las malas notas de sus estudiantes estos últimos dos años; que el nivel ha descendido. Nosotros, que entramos en la universidad ya bajo el Plan Bolonia, que tenemos un examen cada tres semanas, un trabajo cada dos, dos trabajos cuatrimestrales y exposiciones orales con una frecuencia inaudita, sabemos la respuesta. La respuesta pasa, en primer lugar, porque además de la carrera, tenemos que hacernos cargo de la propia destrucción que de ella ejercen desde algún lugar indeterminado entre Europa y la Comunidad de Madrid.

Me gustaría no tener que hacerme cargo de la injusticia que supone que el acceso a la universidad quede determinado por la capacidad económica de una familia, y me gustaría no repetir los pasos de mis padres, que no pudieron ir a la universidad porque su familia era pobre. Me gustaría que la participación política en la Universidad no fuera minoritaria, y que con motivo de ello los pocos que participan activamente tengan que dejar ahí todo su tiempo libre en un acto de sacrificio personal que nadie les ha pedido. Me gustaría que los profesores se movilizaran, porque son los que menos se mueven, me gustaría que entraran en diálogo con los estudiantes, a quienes no comprenden, y que entendieran que la Universidad, a día de hoy, no es solamente un cúmulo de pupitres unidireccionalmente organizados, sino un espacio de lucha política en defensa de sí misma.

Ayer, los antidisturbios entraron por la fuerza a un lugar donde decenas de estudiantes reivindicaban pacíficamente las becas cuya ausencia impide a miles de personas estudiar una carrera. Esos estudiantes comparten con nosotros espacios políticos, y son también los que se dejan el tiempo libre en una actividad política que no es reconocida por los profesores ni por los compañeros desmovilizados; son los que preparan comunicados, llaman a manifestaciones, participan en Junta de Facultad, organizan congresos y se reúnen para hablar de la Universidad como tal, en lugar de pisar la clase, esporádicamente la cafetería, y volver a casa con la cabeza gacha admitiendo la actual organización de la Universidad como una imposición inmodificable. A esos estudiantes que luchaban por la igualdad en las instituciones públicas de enseñanza les han llevado detenidos; a la concentración que hubo en respuesta esa misma tarde acudieron decenas de antidisturbios, que pasearon su violencia frente a los rostros asustados y enfadados de los estudiantes que quieren hacer de la Universidad algo más que una empresa. Esta tarde hay una manifestación en defensa de una universidad pública accesible y democrática y yo tengo miedo porque he visto cabezas sangrando y he oído a mis compañeros decir que en comisaría pasas 24 horas sin comer ni beber y que tampoco te dejan dormir, y sin embargo iré, y mañana tendré que aguantar las voces de los compañeros que asumen la huelga como una imposición que no les deja asistir a una clase que les ha costado (hagamos la división) ¡2 euros! ¡2 euros de su matrícula a la basura! ¡Y nosotros, maquiavélicos piqueteros, pisamos su derecho a asistir a clase! Y el año que viene, cuando no puedan pagar los 2.000 euros de matrícula, volverán a agachar la cabeza, y tendrán que aceptar un trabajo precario, o ir al paro y vivir de la pensión de su abuela, si es que sigue teniéndola.

Mientras los que defienden la igualdad y la democracia en la universidad son reprimidos, en las clases hay silencio. Los profesores, de mira individual, y los alumnos, que nunca han aprendido a participar realmente en el entorno educativo, guardan silencio en un seminario del mismo Marx que si viera su impasividad ante las injusticias gritaría a través de su poblada barba un ¡estudiantes del mundo, uníos! Y a nosotros nos importa. No queremos seguir siendo una minoría, queremos que se entienda que no luchamos por una serigrafía ideológica, sino por una institución pública como es la universidad, y que por ser pública, no puede perder su significado, su contenido, su dimensión social y su gratuidad sin que los estudiantes alcemos la voz y llamemos a todos los demás estudiantes a la lucha.

Y vamos a compaginar esta intención inclusiva con una resistencia activa. Llevamos desde Bolonia organizándonos pacíficamente, institucionalmente, en asociaciones y asambleas, creando discurso reivindicativo y difundiéndolo, y no ha servido de nada. Desde siempre, pero en especial ahora, estamos siendo reprimidos por las fuerzas policiales, estamos siendo golpeados y detenidos, perseguidos y atemorizados por cuerpos armados que traen con su violencia las imposiciones del neoliberalismo a nuestras aulas. Por suerte, no somos maniquíes del inexistente Estado del Bienestar que han asumido la inercia apolítica y el pacifismo trascendental. Ellos han traído la violencia a la universidad, y han acallado con sangre las legítimas protestas de igualdad social y calidad universitaria que los estudiantes llevamos años defendiendo. No vamos a dejar que pisen nuestros derechos, y seguiremos luchando, menos o más, con los métodos que necesite la respuesta a su violencia, y no dejaremos que gane el miedo, ni la violencia, ni la injusticia. Y si la filosofía tiene que morir, la enterraremos como se merece, luchando para que sobreviva, y ejerciéndola en la práctica política como último homenaje a su significado.

Tolkien como anticapitalista, o de cómo el mercado libre es incapaz de hacer literatura

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Hay, en ocasiones, que acudir a la fantasía, a los mundos irreales y ficticios de la literatura, para dar testimonio de las opiniones de los hombres. En los mundos que se han construido fuera de éste, a través de siglos y siglos de literatura, ha quedado filtrada una defensa de determinados valores, voluntaria o involuntariamente, pero siempre comprometida por un tipo de vida en favor de otra, por un tipo de sociedad en favor de otra; esto es, todos los mundos ficticios presentan una moralidad antropológica irreductible. No sólo esto: esta moral que estructura la ficción, y que toma parte a la hora de caracterizar, sobre todo, a amigos y enemigos (‘buenos’ y ‘malos’) en toda historia, tiende a ser común; y no solo común, sino anticapitalista. Lejos de depositar aquí esta afirmación como un elegante dogma, voy a intentar darle continuidad y sentido a lo largo de este artículo.

Así presenta J. R. R. Tolkien al dragón Smaug en el libro “El Hobbit”:

“Los dragones, sabéis, roban oro y joyas a hombres, elfos y enanos dondequiera que puedan encontrarlos, y guardan el botín mientras viven (lo que en la práctica es para siempre, a menos que los maten), y ni siquiera disfrutan de un anillo de hojalata. En realidad apenas distinguen una pieza buena de una mala, aunque en general conocen bien el valor que tienen en el mercado; y no son capaces de hacer nada por sí mismos, ni siquiera arreglarse una escamita suelta en la armadura que llevan”.

Empecemos por señalar que, del mismo modo que el libro físico, con sus páginas y su tinta, está inmerso en un mundo más grande, asimismo la ficción, con sus personajes y sus argumentos, está inmersa en nuestro mundo de personas e historias. La ficción, por lo tanto, no está exenta de relaciones entre su mundo y el nuestro; y la misma exclamación que un día nos azuza la lectura diciendo “¡Eh! ¡Sancho Panza es clavado a mi tío el del pueblo!”, otro día nos arroja la política observación de “¡Eh! ¡Este dragón reúne todas las características del capitalista medio!”, y da comienzo a la reflexión.

Los dragones roban oro y joyas a hombres, elfos y enanos. En el nivel de análisis compartido por la sociedad española actual, esta chispa relacional saltaría asemejando al dragón con un político corrupto, por ejemplo, o con el director del banco que ha quebrado y ha sido rescatado con dinero público, o quizá con los responsables del oligopolio de las eléctricas. En un nivel más profundo de análisis, este dragón podría ser el propietario de los medios de producción, que a través de la plusvalía roba al trabajador el producto de su trabajo; sea como sea, son ladrones del hombre de a pie.

Guardan el botín mientras viven y ni siquiera lo disfrutan. Aquí, podríamos pensar, la cuerda que conecta realidad y ficción quizá esté en los infinitos ceros de esas cuentas corrientes que permanecen en su gigantez generación tras generación, incapaces de traducir en bienes tal cantidad de dinero, y en que (según algunas teorías) esa acumulación invisible impide, en otros lugares, el acceso a bienes de primera necesidad.

Qué decir de la incapacidad del dragón para distinguir el verdadero valor (tanto el valor del trabajo que produjo el objeto, como el valor sentimental) de un objeto, y su mera capacidad de conocer el valor de mercado; aquí parece la pipa de Tolkien humear marxismo, inculpando al dragón de quedarse en el valor de cambio sin ahondar en el verdadero valor de un objeto, que lo dota de sentido: el valor de uso. Por no hablar de la inutilidad práctica del dragón, que nos recuerda al viejo dueño de la fábrica, incapaz de desempeñar ningún trabajo más allá de la posesión del capital invertido.

Y en esta misma línea, defendiendo la moral antropológica irreductible compartida por cuentos y novelas historia a través:

“La ira del dragón era indescriptible, esa ira que sólo se ve en la gente rica que no alcanza a disfrutar de todo lo que tiene, y que de pronto pierde algo que ha guardado durante mucho tiempo, pero que nunca ha utilizado o necesitado”, o “Si muchos de nosotros dieran más valor a la comida, la alegría y las canciones que al oro atesorado, éste sería un mundo más feliz”, o “Ya hemos tenido bastantes hombres viejos y contadores de dinero! -Y la gente que estaba lejos se puso a gritar:- ¡Viva el Arquero y mueran los Monederos!”.

Esto es: predominancia del valor de cambio sobre el valor de uso, que impide el disfrute real de los objetos, reduciendo el disfrute a un mero fetiche de la mercancía; y reivindicación de la sencillez de vida, que se ve aplastada por los impulsos de progreso ilimitado y los delirios de acumulación abstracta que provoca el dominio del capital.

En palabras del propio dragón:

“Yo mato donde quiero y nadie se atreve a resistir. Yo derribé a los guerreros de antaño y hoy no hay nadie en el mundo como yo”.

Además de los aires de grandeza que la civilización occidental ha enarbolado continente tras continente, las palabras del dragón nos traen también la apología de la desregulación: hacer y deshacer donde se quiera sin que nadie resista, sin instituciones que regulen las consecuencias del libre mercado; ahí tenemos al mercado libre global, que ha terminado con las fronteras, la regulación estatal y el sindicalismo, que ha derribado a los guerreros de antaño y ante quien nadie parece tener fuerza para plantar cara. No es descabellado, digo, tras esta larga comparativa, leer el Hobbit y ver, allá donde vaya el dragón, la arrugada cara de Ronald Reagan.

Pero mi intención no es meramente mostrar la involuntaria crítica al capitalismo que ha quedado filtrada en este libro en concreto; mi intención va más allá, y es la de caracterizar determinados rasgos de la ficción que me han llamado la atención, por su profunda significación política.

En primer lugar, y como ya se ha mencionado, la ficción, al constituir algo tan relevante como la construcción literaria de mundos, es altamente susceptible de beber de aquellos valores e ideas que el autor tiene respecto de su mundo; y no sólo esto, sino que, al ser esta relación ciertamente velada, sucede con mucha frecuencia que el autor no es consciente de los valores e ideas que vierte en su mundo inventado, y así puede suceder que aquél que, siendo preguntado, defendiera tal sistema como el capitalismo, escriba cuentos para niños en los que se articule una condena a la avaricia. Esta aparente contradicción nos lleva a la siguiente característica.

La ficción, siendo fácil receptora de ideas y valores de nuestro mundo, resiste mucho mejor a los prejuicios, quizá porque, por muy intensiva y extensa que sea la creación de su mundo, no deja de ser una simplificación del real, y en esta simplificación las ideas aparecen siempre más simples, más fáciles de categorizar. Así, en una fábula, es fácil distinguir al avaricioso del sabio, sin embargo, en la realidad, entre la maleza de argumentos favorables a la competencia, que han deificado el espíritu emprendedor como motor de las sociedades, que han entronado a los dragones y les han vendido como hombres de bien, se torna más difícil la valoración moral.

Por ello, porque la ficción nos llega sin tantos prejuicios, nos es más fácil distinguir una bestia malvada en el dragón Smaug que en Bill Gates. Mientras que nadie verá en Smaug a un benefactor (y nadie dirá que Smaug da trabajo a aquellos encargados de matarlo, cosa que no deja de ser cierta, y que prendería como argumento en determinados debates), sí los hay que ven en Bill Gates a un hombre de bien, y son los mismos (y aquí nace la contradicción) que maldicen contra Smaug cuando leen su libro, y que reprochan su avaricia al animal de fábula.

Es, por este motivo, por lo que nos resulta más fácil rastrear la moral más natural al hombre en su ficción, porque en la ficción no viven los prejuicios que sí contaminan nuestra visión del mundo; porque en la ficción las relaciones y las ideas son más simples, y esto permite conocerlas mejor y establecer mejor las distinciones morales básicas; porque en la ficción no tenemos entrelazados nuestros intereses propios, que muchas veces son motivo y corrupción de nuestras ideas.

Es precisamente en la literatura, como lugar donde se recogen, desde siempre, los valores e ideas más propios de los hombres, donde vemos una sistemática condena de la avaricia, una demonización (desde las historias medievales hasta la más reciente literatura) del prestamista o banquero, una defensa de la vida simple y en familia, de la cooperación y la amistad… Es flagrante la ausencia de literatura capitalista: no hay mundos en la ficción que encumbren el individualismo como meta última, que llamen a la continua acumulación de capital y a la explotación del hombre con fines económicos.

En estos mundos, el capitalismo solo hace aparición como enemigo; desde el malvado mago que destruye un pueblo solo por interés propio (eso que hacen aquí cuando un pueblo está donde se planea una presa hidráulica o una nueva autopista) hasta el trasgo que acumula prisioneros “obligados a trabajar hasta que mueren por falta de aire y luz” (debe ser que hay trasgos en China, Bangladesh y medio sudeste asiático). Los capitalistas no tienen literatura, no tienen mundos en la ficción, no son más que los monstruos de cualquier mundo, y lo son, precisamente, porque son los monstruos del nuestro.

Daniel Punzón