Pequeña guía para entender la lucha política de los estudiantes

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Escribo estas líneas en el primer momento libre que he tenido en esta última semana. Desde el viernes pasado, los estudiantes nos encerramos en la Facultad de Filosofía y Filología para dar acogida a gente de las Marchas de la Dignidad. Durante dos días, dormimos en el suelo de noche y de día recorrimos las calles en las diversas convocatorias que el 22M había planeado para sacar la dignidad a las calles. Al poco de terminar esta jornada de lucha de tres días (que se alargó con una Acampada en la que también participamos), comenzó la preparación de la huelga general de estudiantes. El día antes de la huelga, nos encontramos con que 54 de nuestras compañeras habían sido detenidas, y organizamos una respuesta en asamblea entre caras de nervios y sorpresa.

Una profesora me preguntó, hace un par de días, sobre el por qué de las malas notas de sus estudiantes estos últimos dos años; que el nivel ha descendido. Nosotros, que entramos en la universidad ya bajo el Plan Bolonia, que tenemos un examen cada tres semanas, un trabajo cada dos, dos trabajos cuatrimestrales y exposiciones orales con una frecuencia inaudita, sabemos la respuesta. La respuesta pasa, en primer lugar, porque además de la carrera, tenemos que hacernos cargo de la propia destrucción que de ella ejercen desde algún lugar indeterminado entre Europa y la Comunidad de Madrid.

Me gustaría no tener que hacerme cargo de la injusticia que supone que el acceso a la universidad quede determinado por la capacidad económica de una familia, y me gustaría no repetir los pasos de mis padres, que no pudieron ir a la universidad porque su familia era pobre. Me gustaría que la participación política en la Universidad no fuera minoritaria, y que con motivo de ello los pocos que participan activamente tengan que dejar ahí todo su tiempo libre en un acto de sacrificio personal que nadie les ha pedido. Me gustaría que los profesores se movilizaran, porque son los que menos se mueven, me gustaría que entraran en diálogo con los estudiantes, a quienes no comprenden, y que entendieran que la Universidad, a día de hoy, no es solamente un cúmulo de pupitres unidireccionalmente organizados, sino un espacio de lucha política en defensa de sí misma.

Ayer, los antidisturbios entraron por la fuerza a un lugar donde decenas de estudiantes reivindicaban pacíficamente las becas cuya ausencia impide a miles de personas estudiar una carrera. Esos estudiantes comparten con nosotros espacios políticos, y son también los que se dejan el tiempo libre en una actividad política que no es reconocida por los profesores ni por los compañeros desmovilizados; son los que preparan comunicados, llaman a manifestaciones, participan en Junta de Facultad, organizan congresos y se reúnen para hablar de la Universidad como tal, en lugar de pisar la clase, esporádicamente la cafetería, y volver a casa con la cabeza gacha admitiendo la actual organización de la Universidad como una imposición inmodificable. A esos estudiantes que luchaban por la igualdad en las instituciones públicas de enseñanza les han llevado detenidos; a la concentración que hubo en respuesta esa misma tarde acudieron decenas de antidisturbios, que pasearon su violencia frente a los rostros asustados y enfadados de los estudiantes que quieren hacer de la Universidad algo más que una empresa. Esta tarde hay una manifestación en defensa de una universidad pública accesible y democrática y yo tengo miedo porque he visto cabezas sangrando y he oído a mis compañeros decir que en comisaría pasas 24 horas sin comer ni beber y que tampoco te dejan dormir, y sin embargo iré, y mañana tendré que aguantar las voces de los compañeros que asumen la huelga como una imposición que no les deja asistir a una clase que les ha costado (hagamos la división) ¡2 euros! ¡2 euros de su matrícula a la basura! ¡Y nosotros, maquiavélicos piqueteros, pisamos su derecho a asistir a clase! Y el año que viene, cuando no puedan pagar los 2.000 euros de matrícula, volverán a agachar la cabeza, y tendrán que aceptar un trabajo precario, o ir al paro y vivir de la pensión de su abuela, si es que sigue teniéndola.

Mientras los que defienden la igualdad y la democracia en la universidad son reprimidos, en las clases hay silencio. Los profesores, de mira individual, y los alumnos, que nunca han aprendido a participar realmente en el entorno educativo, guardan silencio en un seminario del mismo Marx que si viera su impasividad ante las injusticias gritaría a través de su poblada barba un ¡estudiantes del mundo, uníos! Y a nosotros nos importa. No queremos seguir siendo una minoría, queremos que se entienda que no luchamos por una serigrafía ideológica, sino por una institución pública como es la universidad, y que por ser pública, no puede perder su significado, su contenido, su dimensión social y su gratuidad sin que los estudiantes alcemos la voz y llamemos a todos los demás estudiantes a la lucha.

Y vamos a compaginar esta intención inclusiva con una resistencia activa. Llevamos desde Bolonia organizándonos pacíficamente, institucionalmente, en asociaciones y asambleas, creando discurso reivindicativo y difundiéndolo, y no ha servido de nada. Desde siempre, pero en especial ahora, estamos siendo reprimidos por las fuerzas policiales, estamos siendo golpeados y detenidos, perseguidos y atemorizados por cuerpos armados que traen con su violencia las imposiciones del neoliberalismo a nuestras aulas. Por suerte, no somos maniquíes del inexistente Estado del Bienestar que han asumido la inercia apolítica y el pacifismo trascendental. Ellos han traído la violencia a la universidad, y han acallado con sangre las legítimas protestas de igualdad social y calidad universitaria que los estudiantes llevamos años defendiendo. No vamos a dejar que pisen nuestros derechos, y seguiremos luchando, menos o más, con los métodos que necesite la respuesta a su violencia, y no dejaremos que gane el miedo, ni la violencia, ni la injusticia. Y si la filosofía tiene que morir, la enterraremos como se merece, luchando para que sobreviva, y ejerciéndola en la práctica política como último homenaje a su significado.

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Un comentario en “Pequeña guía para entender la lucha política de los estudiantes

  1. Johng129

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